| INAUGURACION · LA QUE TIENE BOCA SE EQUIVOCA · MARTA REBOLLO · 26 DE JUNIO DE 2009 |
| domingo, 21 de junio de 2009 | |
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LA QUE TIENE BOCA SE EQUIVOCA
En el transcurrir de los años, se puede observar como el acto de comer no sólo se convierte en el acto cotidiano, repetitivo e imprescindible por excelencia, sino que traspasa esa mera acción para convertirse también en un acto social que propicia una transformación cultural y que mucho tiene que ver en la construcción identitaria del individuo, como de la propiamente corpórea. Comer hoy en día, es mucho más que nutrirse. Es una expresión del self y del grupo social, del intercambio entre el hombre y su medio por encima de las consideraciones esencialmente fisiológicas y nutricionales.
La comida representa quiénes somos y cómo vivimos, y junto con el acto de cocinar y determinados hábitos y gestos del yantar están siendo utilizadas para promover ciertas formas de identidad local, sexual e incluso transcultural. De tal manera que como afirma Mary Douglas, si se considera la comida como un código, los mensajes que codifica estarían presentes en el modelo de relaciones sociales que está siendo expresado. El mensaje trata de diferentes modos de jerarquía, de inclusión y de exclusión, de fronteras y de transacciones a través de las fronteras. Así, la comida nos remite al cuerpo, a la vida, al horror, al sexo y a la muerte, a la religión, a la política, a la economía, a ciertas formas de opresión, a la salud, a la medicina. Pero también a algunos conceptos más abstractos, aunque no por ello no normativizados y construidos socialmente, como pueda ser el concepto de belleza, su falsa democratización y todo lo que de ella se deriva. De ésta manera, la comida y la cocina tienen un papel en las representaciones mediáticas e influyen y construyen determinados sentidos y tensiones entre lo propio y lo ajeno, convirtiéndose así en una representación simbólica del deseo y del consumo. Es esa misma representación, aunque común como categoría, inestable, diversa y cambiante según el contexto, y es ese mismo contexto el que resulta imprescindible para entender los cambios producidos en torno al hecho alimentario y repensar los usos sociales que hoy hacemos tanto de la comida como del cuerpo, y de la comida en relación al cuerpo. Comerás, no comerás, no engordarás, adelgazarás, engordarás forman parte de nuestro lenguaje y de nuestra vida cotidiana.
De esta manera, y entendiendo la alimentación como un hecho bio-psico-social, se trata de hacer una lectura de género del hecho alimentario, creyéndola necesaria al derivar de ello la mayor parte de lo que se entiende o no como inherente al género femenino. Para ello, y desde la consciencia de que la trampa de la cotidianeidad puede llevar a constituirla como una experiencia no lo suficientemente obvia a la conciencia que revela todo un abanico de pautas, prácticas, roles y lenguaje construidos socialmente e interiorizados; se pretende desvelar la confusión en que vivimos respecto al comer. Poniendo de manifiesto como dicha confusión se vuelve más arraigada y compleja en el caso de las féminas[1] quedando la alimentación a medio camino entre el premio y el castigo ya desde Eva y la manzana prohibida; y construyendo así la identidad femenina estereotipada en torno a dicotomías y conceptos pseudonaturales en relación directa con su capacidad para la maternidad.
Así las cosas, y a partir de la condición-posición de mujer, y de la que como artistas (mujeres) tomamos respecto tanto al acto creativo como al acto culinario se genera la exposición. Entre vómitos, apetitos, gustos y disgustos; y a partir de dos interrogantes claves como ¿Por qué no ha habido grandes mujeres artistas ?, cuestión que Linda Nochlin utilizó como título de su artículo publicado en 1971, y de su prácticamente coetánea ¿Por qué las mujeres no han sido grandes Chefs ? formulada por Lois Banner en 1973, se trata de relacionar y/o subvertir el acto de crear con el cocinar, convirtiéndolos en estrategias políticas para una deconstrucción social, cultural y corporal del papel simbólico y físico de las mujeres en las sociedades occidentales actuales.[2]
Greta Alfaro, Sarita Montiel Junior y Natalia Umpiérrez me acompañan en este juego casi abyecto, casi tabú que supone la construcción de lo femenino en torno al hecho alimentario. Así pues, el banquete está servido.
Buen provecho.
Marta Rebolllo [1]Fémina tiene la raíz indoeuropea *dhe- “mamar, amamantar”, presente en el griego θήλυς (thêlus) “hembra” y θηλάζω (thelazo) “amamantar” y en las voces latinas felix, fecundus, filius,etc. El sufijo –mina reproduce el participio medio i.e –meno, usual en griego y poco representado en latín y que figura en alumnus “el que ha sido criado” (de alere “alimentar”). Por tanto fémina significa etimológicamente “la que amamanta o da de mamar”.
[2]VV.AA Comer o no Comer
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| Modificado el ( miércoles, 08 de julio de 2009 ) |